viernes, 26 de octubre de 2012

El Diluvio Universal
Por Carlos S. León

Es fácil encontrar en el variopinto Internet multitud de páginas, algunas autocatalogadas como "científicas" y otras de escépticos y/o ateos, donde se  "demuestra" la inviabilidad del relato del Antiguo Testamento de la Biblia Cristiana referente al Diluvio Universal. 

Para ello, les ha bastado con recoger literalmente los datos y llegar a conclusiones tan incontrovertibles como estas;

* No se pueden localizar, trasladar y meter en el arca dos parejas de todos los animales vivientes. (Algunos te dan hasta el dato de cuantas especies diferentes podían encontrarse en aquellos tiempos)
* El arca no es estable, según la Ingeniería Naval. (Si buscáis un poco, podéis encontrar hasta los metros cúbicos exactos de madera que serían necesarios para construirla).
* Cantidad de agua necesaria para inundar todo el planeta, la logística para alimentar a todos los animales en el arca, la propia recuperación del ecosistema, etc. 

Ejemplos no faltan y...sí, hay que reconocer que, visto así, es "científicamente" imposible.

Tampoco faltan quienes, aferrándose a sus creencias y su fe, sentenciarán la discusión con razonamientos parecidos a este: "Si así está escrito, así tuvo que ser" o "si está en la Biblia, es la Palabra de Dios."


Os invito a que me acompañéis en un hipotético viaje en el tiempo y que abramos la puerta a otra posibilidad.

Para ello, trasladémonos al origen del "problema"... el Antiguo Testamento. 

¿Para qué se escribió?
¿En que contexto histórico?
¿Que querían transmitir?
¿De donde surge la información recopilada?
¿Que condicionantes debía reflejar?

La versión que conocemos es la oficializada en el sínodo de Roma del año 382. Al parecer, recopila una serie de textos que, según dicen,  pudieron ser escritos entre el año 900 aC y el año 100 de nuestra era. Es lógico pensar que de lo expuesto en esos textos se realizase el correspondiente trabajo de moderación, adaptación y "retoques" para adecuarlos al propósito definitivo.

Por el contenido del mismo, podemos aventurarnos a pensar que lo que pretendían plasmar era la manifestación y presencia de su Dios, y solo de El, en todo lo acontecido en el área de influencia geográfica conocida (de hecho, no hay ninguna mención a como el Dios Cristiano influyó en la América precolombina, por ejemplo). Por lo tanto, recogerían todo lo que el "Internet" de la época les podía facilitar; Escritos, leyendas, cuentos, mitos, etc. que hubiesen tenido alguna relevancia en el pasado, sobre todo si se atribuía a una fuerza divina.

Por aquel entonces, si llovía era obra de los dioses, si no lo hacía... también. Cualquier sequía, plaga, desastre natural, cualquier cosa negativa era castigo divino, al igual que cualquier hecho favorable se debía a la benevolencia divina. Imagináos, entonces, que historias no les faltaban.

Era imperativo, también, que en esa historia que se contase, no hubiera la más mínima duda que un determinado pueblo era el elegido, en detrimento de todos los demás. Con esa premisa, cualquier acto divino debía enfatizar este hecho. Por lo tanto, cualquier historia considerada como adecuada para demostrar la presencia y protección de su Dios, debía tener un protagonista afín a sus creencias. Este requisito, que sospecho era indispensable, les llevaría a apropiarse de historias o leyendas que,  ya sea escritas o contadas, hablaban de otros protagonistas. 

(Tenédme un poco de paciencia, que ya pronto llegamos a la acción).

Vamos a imaginarnos una de esas posibles historias.

Retrocedemos en el tiempo y nos situamos, por ejemplo, a 11.000 años atrás. En pleno Océano Indico impacta un pequeño asteroide provocando un gigantesco tsunami y la evaporación de miles de metros cúbicos de agua. Este tsunami, entra, atravesando el Mar de Arabia, en el Golfo Pérsico y en el Mar Rojo, con el consiguiente y espectacular aumento de las aguas de ambos.

Imaginemos que, a una distancia próxima pero prudencial, tenemos a un paisano de cualquiera de las razas y pueblos asentados en el norte del Golfo Pérsico que ve "la que se viene encima" y decide, con buen criterio, buscar un monte elevado y llevarse allí a familia, vecinos y animalitos varios que pudiese salvar. Podemos llamarlo... Noé, por ejemplo.

Considerando que el Golfo Pérsico respondería como un gran embalse con una pequeña salida al mar, las ingentes cantidades de agua que aportó el tsunami no salen de allí a la velocidad que lo harían en mar abierto y, además, las inmensas nubes del agua vaporizada por el impacto empiezan a descargar agua sobre la zona.

Así que tenemos al pobre Noé en lo alto de un monte, rodeado de agua y bajo la lluvia más torrencial que ha visto. Desde su punto de vista, los 50, 60 o 100 km. a la redonda que abarca su vista, su "universo" conocido, se han convertido en un mar infranqueable.

Pasado un tiempo, cesan las lluvias que duraron "cuarenta días y cuarenta noches". 
(Esa fracción de tiempo se repite en la Biblia bastantes veces. O es casualidad, que no creo, o era la manera que tenían de expresar un periodo largo de días, el equivalente a la "jartá" sevillana, a la "pechá" malagueña o al "más días que el copón" de otras partes de nuestra geografía).

Teniendo claro nuestro protagonista que no se podían quedar ahí indefinidamente, deciden construir una balsa o barcaza y buscar tierra firme, cosa que consiguen. Tarde o temprano, las aguas vuelven a su cauce, no sin haber causado infinidad de muertos y destrozos entre los pueblos de la zona. Para todos aquellos que siguieron a Noé, no es raro que lo considerasen un auténtico héroe que les salvo a ellos y a sus animales de semejante catástrofe.

Hazaña que fue contada, de padres a hijos, generación tras generación, hasta que alguien decidió inmortalizarla en un papiro. Perfecto, ya tenemos la base.

Volvemos al año 382 y tenemos una historia con todos los ingredientes que necesitamos:

* Un desastre de dimensiones "bíblicas" que, como no puede ser de otra manera, es un castigo divino.
* Un personaje que se salva y, maquillando un poco la historia, a toda la humanidad.
* Y, como el hecho de que se salvase por su propia iniciativa no "vende", otro pequeño retoque para que su acción fuese inspirada por el Todopoderoso.

Llegados a este punto, comprenderéis que el detalle referente a la raza o pueblo a la que pudiera pertenecer Noé carece de importancia. "Tenía" que ser hebreo. Fin de la historia.

Pero... ¡ Esperad un momento ! ya que hemos llegado hasta aquí y hemos metido un tsunami en la zona, igual le podemos sacar más partido.

EL ÉXODO (Cruzando el Mar Rojo)

Volvemos a la zona en conflicto justo en el momento en que un destacamento militar egipcio, acampado a las orillas del Mar Rojo, observa incrédulo como las aguas se van retirando de la orilla para, al momento siguiente convertirse en un auténtico muro de agua que, por un instante, parece quedarse frenado. Solo una sensación, al segundo siguiente una descomunal ola arrasa la zona. No mueren todos y los sobrevivientes contaron cómo las aguas del Mar Rojo, literalmente, se tragaron a sus compañeros. 

Año 382. Apliquemos los criterios que ya conocemos:

* Un castigo divino al enemigo del pueblo elegido.
* Unos ligeros retoques (el pueblo cruzando el lecho marino), para demostrar la protección de su Dios.
* Un personaje, Moisés, que asuma el papel de protagonista y trabajo realizado. A maquetación e imprenta.

Ahora volvemos de nuestro viaje y, antes de que os tiréis a mi cuello con aviesas intenciones, dejaros claro algo importante: ESTO NO ES UNA TEORÍA, NI TAN SIQUIERA UNA HIPÓTESIS, NI PRETENDE IR CONTRA LA "VERDAD" DE NADIE.

Solo es una historia que, quién sabe, puede tener dentro, escondido, algún "granito" de realidad.

2 comentarios:

  1. Curiosa versión sobre el posible diluvio. Tengo una duda al respecto: ¿donde está el cráter que seguramente ha ocasionado ese asteroide? Saludos.

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  2. Anónino: "Curiosa versión sobre el posible diluvio. Tengo una duda al respecto: ¿donde está el cráter que seguramente ha ocasionado ese asteroide? Saludos."

    Imagina un asteroide pequeño, impactando en pleno Indico... posiblemente se destrozaría sin necesidad de dejar grandes cicatrices en el lecho oceánico. Quizá alguna fractura en la placa tectónica, pero no un gran cráter perceptible tras 12 ó 13 mil años.

    Saludos y bienvenido por aquí.

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