jueves, 1 de noviembre de 2012


¿Incongruencias en la Meseta de Guiza?
Por: CSL



La importancia de las construcciones de esa meseta como punto de inflexión entre las posturas “oficiales” y los “convencidos” de la mano extraterrestre son de sobra conocidas. (En próximos artículos las iremos desgranando). Ahora vamos a verlas desde otro punto de vista, concretamente el que atañe a la propia condición humana.

Para ello, vamos a ceñirnos a la versión oficial, es decir, la avalada por la parte de la Ciencia que se encarga de estos menesteres, a saber: egiptólogos (arqueólogos especializados en el Antiguo Egipto).

Año 2579 a.C.

Segundo día como faraón de Jufu (Keops, para los griegos). Tras despejarse de la resaca de la celebración del día anterior, ordena a su arquitecto Hemiunu la construcción de su mausoleo. Para ganar algo de tiempo, (a estas alturas Jufu no sabe que disfrutará del cargo 23 años), vamos a suponer que todo el trabajo necesario previo a la construcción (planos, localización de materiales, logística de transporte y mano de obra, etc.), ya estaba realizado.



Independientemente de la viabilidad o no del proyecto en el tiempo disponible (ya os he comentado que esto lo analizaremos en otras entradas), lo que es innegable es la “monumentalidad” de la obra. Los recursos utilizados, tanto a nivel humano como económicos, fueron (nunca mejor dicho) faraónicos. Una obra digna, atendiendo a la condición humana, de un regente de marcada personalidad megalómana, ¿verdad?...

Pues no, parece que en algún momento al faraón le invadió el “gusanillo” de la humildad, y ordenó que no se reflejase en ninguna pared, piedra o similar la autoría de semejante proyecto. Bueno, no exactamente, al final accedió a que su nombre figurase, discretamente escrito con pintura roja, en una cámara sin acceso alguno. De hecho, para encontrarla se tuvo que utilizar dinamita para acceder a las cámaras de descarga.

Año 2547 a.C.

Tras las muertes de Jufu y su sucesor Dyedefra, llega Jafra (más conocido como Kefrén). Las decisiones de este hombre son más “curiosas”. Se embarca en otro megalómano proyecto. Para que no haya dudas a la hora de realizar comparativas, elige la misma meseta que su antecesor Jufu para ubicar su legado, pero con las siguientes características:

  • Su pirámide debe tener 15 metros menos de lado y unos 5 metros menos de altura.

Es decir, demuestro al mundo que soy capaz de realizar una obra equiparable a la de la Gran Pirámide, pero dejando claro que, como faraón, no llego a la altura del Gran Keops. Esto tiene la misma coherencia que si un arquitecto decide levantar un rascacielos y lo hace en una parcela que esté a 100 metros de la Torre Khalifa, hace su gran edificio, pero se queda a seis metros de superarla, para que su colega Adrian Smith siga teniendo la gloria del rascacielos más alto.

Ah, y por un lado no quiero que mi nombre figure en la pirámide, pero si quiero que sea una representación de mi faraónica cabeza la que corone la esfinge.

Año 2514 a.C.

Y llegamos al tercero en discordia, Menkaura (Micerino). Este “pobre” se ve que andaba un poco peor de recursos. Solo le dio para una “ridiculez” de 65 metros de altura. Pero nada le impidió que, obviando el agravio comparativo, también plantase su tumba donde quedase manifiesta su discreta aportación.

Concluyendo, o mucho a cambiado la condición humana, o existen “ligeras” incongruencias en la historia real de lo ocurrido en esa parcela de Egipto.

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