sábado, 10 de noviembre de 2012


No he visto un OVNI... todavía.
Por: CSL

Si tuviésemos que valorar las inquietudes de la humanidad a través de Google, es innegable que lo relacionado con ovnis ocupa un lugar preponderante.

La búsqueda “UFO” nos devuelve 232 millones de entradas y su equivalente castellano, “OVNI” nos arroja cerca de 11 millones de páginas. Cantidades más que suficientes para que les dediquemos un tiempo de reflexión.

Un Unidentified Flying Object u Objeto Volador No Identificado es, según la definición de Wikipedia, el avistamiento de un objeto volante, real o aparente, que no puede ser identificado por el observador y cuyo origen sigue siendo desconocido después de una investigación.

Es decir, un melón arrojado desde la azotea de un edificio, por mucho que no lo identifiquemos durante su “vuelo” no pasaría la criba de una mínima investigación (resulta bastante sencillo identificar un melón espachurrado en la acera), así que nunca sería considerado un OVNI.

Del resto, nos encontramos con miles de testimonios, fotografías y grabaciones, de todo tipo y condición, que quieren avalar la existencia de “algo más” que simples objetos sin identificar.

¿Todos... absolutamente TODOS están equivocados?





Para intentar contestar a esta pregunta, vamos a establecer dos épocas bien diferenciadas por el número y frecuencia de los avistamientos. Antes y después de la Segunda Guerra Mundial.

OVNIS en la Historia

Prácticamente no hay civilización, cultura, religión o época histórica que no haga referencia a OVNIS y/o sus tripulantes. Desde sumerios a precolombinos, de egipcios a tibetanos, de la India a los nórdicos, de australes a tribus norteamericanas, de sudafricanos al norte de Asia, las pinturas, tallas, grabados, textos y leyendas se repiten con tal profusión que pensar en una alucinación, universal y atemporal, se antoja bastante irracional. (Los ejemplos son incontables y, más adelante, le dedicaremos una entrada detallada). En muchos casos, la postura oficial ha sido No Sabe / No Contesta.

Ahora, centrémonos en la siguiente etapa:

En el mundo occidental, por los medios disponibles, agencias implicadas, capacidad de control e influencia en nuestro entorno mediático, es indiscutible que los EE.UU. llevan la voz cantante en este tema (como en “casi” todos, podríamos añadir). Por lo tanto, vamos a utilizar esta fuente y afines para sopesar la “versión oficial” al respecto.

El primer avistamiento importante reseñado se produjo el 25 de Febrero de 1.942 en los cielos del área de Los Ángeles (California). A las 03:16 (hora local) la 37ª Brigada de Artillería Costera del Ejército de los Estados Unidos “repartió” 1,430 proyectiles antiaéreos contra “no se sabe qué”. (En esta entrada encontraréis información detallada del evento conocido como Batalla de Los Ángeles. 1942).

La reacción de la cúpula militar americana demuestra la ausencia, en ese momento, de protocolos establecidos. Las distintas versiones oficiales, arrojadas apresuradamente y sin coordinación, se iban contradiciendo unas a otras. Cada estamento implicado (Comando de la Armada, Secretaría de la Marina y Secretaría de Guerra) daban su particular versión. Navíos de guerra, aviones comerciales, "nervios" ante una falsa alarma... No fue hasta 1.983 cuando la Oficina de la Historia de la Fuerza Aérea zanjó el asunto con la versión oficial vigente: se observó, disparó y derribó un GLOBO AEROSTÁTICO.

(Ni que decir tiene que no se encontró el más mínimo rastro de "algo" parecido a esto).

Es lógico pensar que el día después a los acontecimientos de Los Ángeles y tras la pésima imagen y duro golpe a la moral de los implicados, la maquinaria de control informativo de las Fuerzas Armadas Americanas estableciese un PROTOCOLO con el que tratar futuros acontecimientos de índole parecida.


Año 1.947. Caso Roswell.

Según parece, el 7 de Julio de 1.947, cae en las afueras de Roswell (Nuevo México) el vuelo nº 4 del Proyecto Mogul. Un globo aerostático cuya finalidad es la recogida de información militar de la Unión Soviética. Sobra decir que el proyecto era considerado Alto Secreto. Debido a la implicación de civiles en el descubrimiento de los restos, se informó a la opinión pública de la naturaleza del artefacto, permitiendo fotografiar sus restos al día siguiente. Esta es la versión oficial, (versión que, a mi humilde juicio, parece muy coherente) y que nadie puso en duda hasta 1.978. 


Años 60 y 70.

Desde que al comienzo de la década de los 60 la NASA enviase las primeras sondas espaciales, hasta el fin del programa APOLO, todo lo relacionado con extraterrestres y ovnis sufrió un apreciable incremento. Avistamientos mejor o peor documentados, testimonios en todas las partes del mundo y "filtraciones" del entorno NASA, colocaron el fenómeno OVNI en las portadas de todos los medios de comunicación, guiones de Hollywood y escritores de Ciencia Ficción, convirtiéndolo en uno de los "trending topics" de la época.

Sin entrar en enjuiciar la veracidad o no de cada caso en particular (ya hay bastante "material" para quien quiera investigarlo), si hay que agradecer la "aportación" de la NASA al respecto. El proyecto más ambicioso de la raza humana, con unos medios y gastos desconocidos hasta la fecha, y que se concentran en las grabaciones de las distintas misiones... se guardan, sin realizar copias, y permitiendo la "pérdida" de 40 de esas grabaciones. 40 rollos de película de 16 mm con miles de fotogramas...¿perdidos?. Esa es la versión oficial.


Finales de los 70.

Volvamos a Estados Unidos, concretamente a 1.978 y nuevamente a Roswell. Debido a las investigaciones de Stanton T. Friedman y William L. Moore, el incidente con el globo se convierte en la Meca de la ufología. Ovnis recuperados, grabaciones de autopsias a alienígenas, contactos y acuerdos con civilizaciones extraterrestres... una gran conspiración. 

Y sí, creo que conspiración existe, pero quizá algo distinta a lo que hemos pensado. No solo se convierte en referencia para los seguidores del fenómeno OVNI, también es la punta de lanza para los detractores, ya que las "pruebas" que aportaron Friedman y Moore no eran excesivamente consistentes. Se apoyaban en testimonios con 31 años de antigüedad, fotos y grabaciones que, en el supuesto de que alguna fuese real, se mezclaron con tantas falsedades y montajes que, hoy por hoy, han sepultado cualquier atisbo de claridad.


La estrategia se repetiría, posteriormente, con el asunto del secretísimo comité conocido como Majestic-12, y con el mismo protagonista: Stanton T. Friedman. (Este hombre, conocido físico nuclear, había trabajado para empresas tradicionalmente ligadas al poder y secretismo americano como McDonnell Douglas, General Motors, General Electrics e, incluso, trabajó en proyectos de la NASA de las sondas Pionner 10 y Pionner 11). Primero aparecieron, a través de envíos anónimos, documentos y grabaciones que, posteriormente, fueron desmontados por el FBI con bastante facilidad y credibilidad.


Es decir, creamos un evento o situación a la que ufólogos y conspiranoides se van a aferrar hasta con los dientes para, en un tiempo prudencial, poder desmontar todo el "tinglado", demostrando la paranoica base del asunto. Y como estrategia tenemos que reconocer que es buena... muy buena.


Para cerrar el círculo, crean un comité de expertos del renombre de Carl Sagan, por ejemplo, que en la otra parte de la "pinza" justifique cualquier situación por medio de "la ciencia", atribuyendo a  globos, contrails, efectos ópticos, paraidolias, y demás causas naturales gran cantidad de casos. Para los demás, recurrirán a calificarlos de montajes y engaños.


¿Que se conseguiría con todo esto? Básicamente, lo que he pasado a llamar "impunidad celeste". Cualquier objeto extraño, sea terrestre (prototipos de experimentación aérea) o extraterrestre (si los hay) puede pasearse sin demasiadas precauciones. Si es visto o fotografiado o, incluso filmado, siempre puede pasar por la "paranoia" de un defensor de los hombrecitos verdes. Es más, la mayoría de nosotros, si nos encontrásemos con uno del que se bajase un extraterrestre que nos entregase la fórmula de la felicidad eterna, al volver a casa no se lo contaríamos a nadie por temor a que, mientras nos escuchan asintiendo de vez en cuando, estén buscando el teléfono del sicólogo de guardia.


Así que, como reza en el título de la entrada,  No he visto un OVNI, todavía... pero me gustaría verlo.





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